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MENSAJES



AUDIENCIA 1: "MEDIDAS TRIBUTARIAS, DE EJERCICIO PRESUPUESTAL Y FINANCIAMIENTO PARA EL DESARROLLO" DEL SENADO DE LA REPÚBLICA.

Senado de la República,
11 de agosto de 2009.




Agradezco al Senado de la República la invitación que se me formuló, en especial al señor Senador Eloy Cantú.

El mundo enfrenta una de las peores crisis económicas de que se tenga memoria desde la Gran Depresión del siglo pasado. Desafortunadamente, la severidad de las primeras consecuencias ha afectado con mayor intensidad a México, que a la mayoría de las naciones. Un riesgo latente radica en la posibilidad de su transformación en una crisis social. Se viven tiempos de incertidumbre que inician cuando se explica el origen de la situación, su manejo, las medidas asumidas para combatirla y que continúan al plantear los pronósticos, al reconocer la cortedad de expectativas y la limitada capacidad para convocar, para acordar, para ejecutar.

Las medidas para superar la crisis no deben reiterar la puesta en práctica de acciones encuadradas en la lógica del modelo que nos ha conducido a la situación actual. No es, aplicando disposiciones similares a las que nos llevaron a este trance, como saldremos adelante. No se puede solventar un problema repitiendo las causas que lo originan. Las iniciativas para superar la emergencia tampoco deben trasladar los costos a los más afectados por una crisis cuyo origen no tiene que ver con ellos y sí con la codicia de unos cuantos, al igual que con la obstinación de seguir un modelo que a todas luces hoy no es el adecuado para nuestra realidad.

Estoy seguro que no es a través del incremento de los precios de servicios públicos, mediante el recorte del presupuesto a las áreas prioritarias o con la disminución de los subsidios a los pobres, como se resolverán los problemas ocasionados por la pérdida de ingresos fiscales. Y no lo creo, porque éstas no son las causas que originan la baja de dichos ingresos. Los informes que se han hecho públicos lo señalan con claridad: los ingresos fiscales se han reducido debido a la caída del precio del petróleo y de su producción, así como a la baja de la tributación que la crisis ha inducido.

Esto último también se puede frasear de otra manera: la disminución de los ingresos fiscales se debe, entre otras, a la caída en la actividad económica que, anualizada, se estima en cerca de ocho por ciento; a la dependencia estructural de la economía mexicana de un solo producto; a la pérdida de casi 600 mil empleos el último año; a la baja de las remesas de los migrantes que en México no encuentran oportunidades de vida digna; a la disminución en el consumo de alimentos provocada por la pérdida de ingresos de las familias; al incremento en el número de los más pobres entre los pobres. Éstas son algunas de las causas de fondo. En el modelo seguido están las causas de la crisis y de una de sus expresiones: la disminución de los ingresos tributarios.

II.


Es tiempo de anteponer el interés de la gente al de los planteamientos teóricos. Es el momento de mirar más allá de lo inmediato, de pensar en el largo plazo, de planear el futuro del país. Para conseguirlo debemos atrevernos a superar las visiones reducidas que han imperado en los últimos lustros.

Lo he dicho en otras ocasiones y lo vuelvo a repetir, una de las lecciones de la crisis es que tenemos que flexibilizar el debate ideológico. No se trata de percibir al Estado y al mercado como entidades enfrentadas. Se trata de reconocer que sin la acción compensadora del Estado, el mercado no puede regularse por sí solo y que, menos aún, puede resolver los rezagos y las injusticias sociales, que en muchos casos son incluso seculares.

III.


Requerimos de un nuevo modelo económico, pero también de nuevas fórmulas de intervención gubernamental para resolver los problemas sociales. Mucho más necesarios que los rescates económicos que se han registrado en México, son los rescates sociales de los sectores más desprotegidos que invariablemente se han pospuesto. Para ello nunca es tiempo ni hay recursos.

En el contexto de la crisis global, nuestro país requiere estrategias de mediano y largo plazos para reactivar la economía. Hace falta definir los nichos de oportunidad que permitan explotar las ventajas comparativas de México. Hay que definir los ejes sobre los que debe basarse un nuevo desarrollo económico, donde lo social sea la prioridad fundamental. Un nuevo modelo donde el bienestar de la población y su seguridad social, sean lo más importante.

Para ello nos hace falta llevar a efecto un debate nacional con una discusión amplia, incluyente, franca e informada. No es aferrándonos a viejas ideas como vamos a resolver problemas que, si bien tienen profunda raigambre, se han acentuado por nuestra incapacidad para romper con dogmas y prejuicios. No será el cálculo de cuál puede ser la mejor apuesta para el próximo proceso electoral, lo que vendrá a darnos la mejor salida. No serán los planteamientos “políticamente correctos”, los que cambiarán el estado de cosas. Pero la respuesta tampoco radica en la inercia, en la cerrazón, en el autismo o en la descalificación del interlocutor.

IV.


México es un país que, a pesar de sus riquezas naturales, culturales y humanas, se caracteriza por tener grandes desigualdades económicas y sociales. Ellas afectan prácticamente todos los ámbitos de la vida nacional y tienen profundas raíces históricas. No obstante ser de larga data, algunas políticas públicas derivadas del paradigma de desarrollo instrumentado en el país en las últimas décadas, tienden a reproducir o incluso a incrementar las disparidades.

Muchos de los indicadores económicos y sociales muestran deterioros alarmantes para nuestra economía y nuestra sociedad. Algunos obedecen a la crisis que ha llegado de fuera, pero otros claramente tienen que ver con nuestras decisiones y con nuestras indefiniciones. En muchas ocasiones avanzamos, pero lo hacemos a un ritmo mucho menor que el de otras naciones. No es extraño entonces que países con desarrollo y potencial menor al nuestro, nos rebasen en las clasificaciones internacionales. No debe sorprender que en el mejor de los casos ocupemos un discreto sitio en la medianía de esos listados. ¡México no merece esa ubicación!

Cuando sostengo que debemos redefinir nuestro proyecto de desarrollo, lo hago con la convicción de que no se debe dar continuidad a esquemas económicos que no producen bienestar para la mayoría, que no se ocupan de la desigualdad, que no combaten debidamente la marginación, la enfermedad, la ignorancia o el hambre de muchas personas.

Para complicar aún más el panorama, nos aferramos a pautas que han trastocado profundamente el sistema de valores laicos. A las dificultades señaladas, se suman graves problemas éticos y de expectativas para las nuevas generaciones. Los millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan, tampoco tienen confianza ni esperanza. No debemos permitir que el desánimo los atrape de manera irreversible. Para ello resulta indispensable rescatar la tradición del Estado con vocación y compromiso social.

Necesitamos que todas las instituciones del Estado hagan su mejor esfuerzo para aportar opciones de solución a nuestros problemas colectivos. Hoy día es imperativo hacer un alto y buscar los consensos necesarios para corregir el rumbo. Debemos crear las condiciones que favorezcan la posibilidad de lograr los acuerdos necesarios. Mientras más tardemos en emprender las acciones, más se acentuarán nuestros problemas y seguiremos rezagándonos en el contexto internacional. El mundo no nos va a esperar.

V.


En el nuevo proyecto sin duda, deben jugar un papel primordial la educación y la investigación. La educación es la inversión más redituable para cualquier sociedad. La educación es un bien público social y debe ser un derecho fundamental de todo ciudadano. Es un factor clave para el crecimiento económico, pero también para la movilidad social, para el desarrollo de las personas.

La educación en general, pero sobre todo la de nivel superior, así como la ciencia y la tecnología, deben jugar un papel central para replantear nuestro rumbo. No hay nación moderna, productiva y exitosa, que no se haya construido sobre estos pilares. Ante la crisis actual, la educación superior, la ciencia y la tecnología, resultan de especial importancia para retomar el camino del crecimiento y el empleo. Ante el desafío que plantea la pérdida de valores esenciales, la cultura, el arte y las humanidades tienen el antídoto.

Debemos reconocer que en esos terrenos hay un gran atraso, por lo que se debe aprovechar mejor el gran recurso que la sociedad tiene en sus universidades. Las instituciones de educación superior, particularmente las públicas, constituyen un espacio indispensable para el análisis y la reflexión, para la creatividad y la innovación, para la búsqueda desinteresada del saber. Por ello hay que cuidarlas y fortalecerlas. Debilitarlas en algún sentido, equivale a hipotecar nuestro futuro, a cometer un error histórico.

Sí queremos avanzar en la dirección correcta debemos hacer un cambio a fondo. Para empezar, tenemos que pensar en grande como lo hicimos en otros tiempos. México tiene hoy más elementos a su favor que hace 50 años. Sin embargo, a mediados del siglo pasado se emprendieron grandes proyectos para el desarrollo nacional y ahora no nos atrevemos. Otras generaciones construyeron la Ciudad Universitaria, grandes presas, varias refinerías, muchos aeropuertos, un sistema carretero, grandes hospitales y muchas otras obras que todavía disfrutamos. Como alguien ha señalado, impresiona que a muchos sorprenda ahora la construcción de un aeropuerto o de una refinería, cuando antes era lo común.

Para hacer frente a la crisis debemos planear el desarrollo nacional; ganar confianza informando con veracidad y oportunidad; poner en práctica un paquete de medidas para la emergencia económica; desarrollar una política industrial; proponer metas y acciones claras; estimular el empleo, entre otras modalidades, mediante un gran programa de rehabilitación y mantenimiento de la totalidad de nuestras escuelas y centros de salud públicos; trabajar en la salida de la crisis; dar forma a los anhelos colectivos y proponer a la sociedad grandes gestas nacionales, para iniciar, la erradicación del analfabetismo.

VI.


Senadoras y senadores:

Es necesario reconocer que la crisis financiera que enfrentamos no es sólo coyuntural, sino que en nuestro país tiene raíces estructurales. Esto significa que las opciones para salir de ella no deben basarse en el supuesto equivocado de que la situación es transitoria. Por el contrario, hay que actuar con plena conciencia de que requerimos cambiar un modelo que se ha agotado y que ya no muestra ser el conveniente para México.

Tenemos que atrevernos y empezar por aceptar que no todas las políticas seguidas hasta ahora están funcionando. Que no todas están a la altura de nuestros problemas. Que hay que reformularlas de manera urgente. Si no partimos de este punto, va a ser difícil ponernos de acuerdo y corregir lo que haya que cambiar. Tenemos que conseguir un gran consenso social y político sobre el futuro que queremos para nuestro país.

La definición de ese futuro deseado debe tener un claro anclaje en nuestra realidad social y no en modelos teóricos inaplicables. Un elemento que debe incluir la nueva formulación, además de otorgar prioridad a la educación, la cultura, la ciencia y la tecnología, es garantizar que los esquemas de seguridad social tengan cobertura universal. Tenemos que volver a discutir cuáles deben ser nuestras prioridades como nación soberana. La verdad es que no hemos mostrado la capacidad para acordar las que nos permitan determinar un cambio efectivo en el largo plazo.

Muchos nos preguntamos para qué formar parte de los grupos dominantes del mundo. Pensamos que lo importante no es que necesariamente nuestra economía sea una de las primeras. Ya no deseamos ser de las élites del orbe. Eso sí, queremos tener, en palabras de Albert Cohen: “ese aplomo que es atributo de los pueblos seguros del futuro y habituados a la felicidad”.

Me parece que el Senado de la República es un espacio privilegiado para hacer un llamado a la sociedad y sus organizaciones, a la inteligencia nacional, a los poderes instituidos, a las fuerzas políticas y a los grupos del sector privado. Debemos establecer entre todos un mecanismo que nos permita acordar los consensos necesarios para diseñar una nueva estructura de país, para sentar las bases de un futuro más alentador. Un mecanismo capaz de facilitar la elaboración de un nuevo proyecto de nación y de convencer a la sociedad de su viabilidad. A otras generaciones tocó establecer la República, a unas más defenderla y consolidarla, a la nuestra toca, como alguien ha propuesto, emprender su refundación. Enfrentemos el desafío histórico que nos corresponde.

Muchas gracias.

 



"Por mi raza hablará el espíritu"

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