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MENSAJES

CEREMONIA DE APERTURA DEL CICLO ESCOLAR
2009-2010.


Centro Cultural Universitario Tlatelolco
Agosto 13 de 2009



Señor presidente en turno de la Honorable Junta de Gobierno, señor presidente del Patronato Universitario, señoras y señores integrantes de estos dos órganos de Gobierno que nos hacen el favor de acompañarnos en esta ceremonia. A nuestros profesores e investigadores eméritos, que representan a mucho de lo bueno, a mucho de lo mejor que tenemos en nuestra universidad; muchas gracias por estar con nosotros y acompañarnos.

Señoras, señores directores de nuestras entidades académicas, qué bueno que tenemos la oportunidad de compartir este nuevo ciclo escolar.

A los apreciados académicos, trabajadores universitarios, a los dirigentes de nuestras organizaciones gremiales universitarias, a la apreciada doctora Herminia Pasantes, a Luis Iván y a los queridos alumnos que ingresan a nuestra casa de estudios y que están con nosotros. Qué bueno que tenemos la oportunidad de retomar esta tradición de la inauguración de los años escolares.

Con esta ceremonia queremos significar el inicio formal del ciclo escolar 2009-2010. Más de 300 mil alumnos han retomado sus actividades académicas. En especial, a todos los estudiantes de nuevo ingreso les doy la más cordial bienvenida a la Universidad Nacional. Durante los próximos años, esta será su segunda casa y nuestra comunidad su gran familia. A todos ellos dirijo este mensaje.

Ya forman parte de la principal institución de educación superior de México. Ahora pertenecen a una Casa de Cultura y de Saber, profundamente enraizada en la historia nacional. Nuestro legado supera los 450 años. Somos depositarios de una tradición extraordinaria y tenemos los recursos, programas y capacidades más importantes del país en nuestra materia.

Más allá de la historia y la actualidad, la UNAM está comprometida con el futuro, con el porvenir de personas y colectividades. Este es su empeño y al recibir a un joven estudiante del bachillerato en sus aulas, adquiere el compromiso de transformarlo, diez o quince años más tarde, en un maestro, doctor o profesional útil a la sociedad. Esta ha sido y será, la tarea central de nuestra Universidad.

La nación nos ha conferido la responsabilidad de transmitir conocimiento, pero también de crearlo y difundirlo. De hacerlo por lo que toca a la cultura nacional y también a la universal. Tenemos la obligación de despertar y encauzar vocaciones, pero también de formar mejores ciudadanos. De educar en la ciencia, pero de hacerlo con conciencia, de instruir en las humanidades, sin hacer a un lado la tecnología, de educar para el desarrollo con apego a un esquema de valores laicos.

Por todo ello es claro que en la Universidad de México entendemos que educar no es sólo transmitir conocimiento y enseñar habilidades y competencias. Para nosotros, educar también es fomentar los valores que sustentan nuestra propia convivencia, aquellos que permiten la unidad dentro de la pluralidad.

Creemos que educar es contagiar nuestra confianza en lo valioso que para la vida en común son la libertad, la igualdad, la democracia, la solidaridad, el diálogo, la honestidad, la lealtad, el respeto, la justicia y la tolerancia. Entendemos que educar es conseguir que nuestros alumnos, a partir de los conocimientos propios de las disciplinas académicas que han seleccionado, valoren la importancia de la cultura y de lo humano.

Ustedes, estudiantes de primer ingreso, son parte de una generación de cerca de 85 mil alumnos que llegaron a la UNAM en este ciclo. Más de 34 mil en los dos sistemas de bachillerato, más de 41 mil en las 82 carreras de licenciatura y cerca de 10 mil en los 83 planes de maestría y doctorado y en los 33 programas de especialización que la universidad tiene establecidos para formar recursos humanos de alto nivel.

Tomen en cuenta que por cada uno de quienes resultaron seleccionados en el examen de ingreso al bachillerato y la licenciatura, hay otros seis estudiantes que no pudieron ingresar a la universidad, porque la institución no tiene capacidad para atenderlos. Así que ustedes que tienen el privilegio de ser parte de ella, no deben desaprovechar la oportunidad que hoy reciben.

Ser universitario implica privilegios y responsabilidades. Privilegios porque en nuestro país, lamentablemente, sólo el 27 por ciento de los jóvenes en edad de cursar estudios superiores puede hacerlo, para el resto no existen espacios disponibles. Somos el país perteneciente a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, que más baja cobertura tiene en materia de educación superior. Incluso, en América Latina, nos ubicamos por debajo del promedio de la región.

Para que aprecien ustedes de mejor manera la oportunidad que ahora tienen, deben saber que en nuestro país más de siete millones de jóvenes ni estudian ni trabajan. Esto significa que más de la quinta parte de los jóvenes mexicanos de entre 12 y 29 años de edad, no tienen esas posibilidades. Además, este problema afecta cuatro veces más a las mujeres que a los hombres. Ustedes, que han conseguido con su esfuerzo y por méritos propios un lugar en la Universidad, no deben hacer a un lado esta situación que nos lastima y deja en desventaja.

Tengan presente, además, que en la medida en la que logren una buena formación integral, tendrán mayores posibilidades de desarrollarse en su profesión. En esta institución tendrán la posibilidad de presenciar y participar en actividades artísticas, de realizar actividades físicas, deportivas y lúdicas. Aprovechen plenamente todas las instalaciones, programas y servicios que la universidad les brinda.

Estén seguros de que la Universidad, en particular en sus planteles, escuelas y facultades, se hará el mejor esfuerzo para proporcionarles las condiciones y los apoyos para que puedan desarrollar sus capacidades e intereses, así como para superar las dificultades y problemas que se les puedan presentar en su proceso de formación.

En esta ceremonia nos acompaña una muestra de nuestros mejores académicos. Tengan la certeza de que en ellos radica nuestro mayor haber. Los directores de sus entidades, sus colaboradores y los profesores que imparten cátedra en sus programas, son sus mejores aliados en su propósito de avanzar. Para todos nosotros, la vida académica es nuestra razón profesional. Tenemos convicciones y principios, los esgrimimos y defendemos, pero la docencia representa la obligación mayor, nuestro compromiso vital.

México pasa por un momento complejo en su desarrollo. Son muchos los problemas que se enfrentan. Algunos son recientes, pero los más, pretéritos e incluso seculares. Muchos males responden a la epidermis, pero otros pertenecen al dominio de los órganos vitales. En México, ni todo marcha bien ni siempre ha estado mal.

Por ello los invito a que no se contagien del pesimismo que nos puede inmovilizar. Por supuesto que tenemos que vencer muchas dificultades, pero en este país, ese ha sido nuestro sino. La mejor fórmula para no caer en el desánimo es informarse debidamente, revisar nuestra historia, analizar críticamente la información. A ustedes les tocará hacer el cambio, prepárense debidamente.

Lo que tenemos que hacer en nuestro caso, es cumplir con toda la altura nuestras responsabilidades. Eso es lo que todos desean de nosotros. Lo espera su familia que confía en la institución y en ustedes. Lo espera el país que requiere de líderes en todas las áreas y sectores, de hombres y mujeres con visión de porvenir, capaces de emprender grandes proyectos, de imaginarlos y de llevarlos a efecto.

El pensamiento grande permitió construir la Ciudad Universitaria en la mitad del siglo pasado. Ese pensamiento grande posibilitó que desde entonces, en nuestra Casa de Estudios, se hubieran construido también, por ejemplo, la mayor parte de los planteles de la Escuela Nacional Preparatoria y la totalidad de los del Colegio de Ciencias y Humanidades o las cinco facultades de Estudios Superiores.

La nuestra es una institución que se encuentra en cambio permanente, que siempre se resiste a seguir igual. Que fomenta la capacidad creadora de los jóvenes y que se precia de mantener vigentes las expectativas de los integrantes de su comunidad. Con enorme convicción trabajamos en la posibilidad de construir una sociedad más justa, más incluyente menos desigual.
Con esta ceremonia, con la presencia de maestros, estudiantes y trabajadores, hemos venido a dar una prueba más de la grandeza de la Universidad de México y a reiterar su compromiso con la Nación y sus anhelos. Mucho éxito a todos ustedes en la maravillosa aventura de ser universitarios que hoy emprenden. Bienvenidos a esa jornada.


 


"Por mi raza hablará el espíritu"

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