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MENSAJE DEL RECTOR
15 de Mayo de 2010
Estimadas
maestras,
Estimados maestros:
Cada 15
de mayo, desde hace 92 años, celebramos en México
a nuestras maestras y maestros. Al llegar la fecha es oportuno
hacer una reflexión en este sentido. Lo es al menos por
dos razones. En primer término, en virtud de que para
la Universidad Nacional Autónoma de México, sus
maestros son la explicación de su calidad y de su trabajo
cotidiano. En segundo lugar y de forma especial, ya que al cumplir
cien años en su carácter nacional, se debe reconocer
que nuestros académicos han sido el eslabón que
le ha dado continuidad y que ha permitido que sea una de las
universidades más reconocidas del mundo.
Inicio este
comentario con un sincero agradecimiento y una calurosa felicitación
a todo nuestro cuerpo académico. Para todos ustedes,
¡Muchas felicidades y muchas gracias! El maestro, con
independencia de su nombramiento y de su antigüedad, es
un personaje central en la vida de nuestra casa de estudios.
Con él toma forma sistemática la labor docente.
Es él con quien inician y terminan las labores de la
Universidad. Es él quien en el aula, el laboratorio,
el taller, el cubículo, la biblioteca o muchos otros
espacios formales e informales, da sentido a la noble tarea
encomendada por la sociedad.
Muchas son
las características de un maestro, de un verdadero mentor.
En esta oportunidad me referiré a tres de ellas. Por
supuesto que la primera tiene que ver con el dominio de la asignatura
que se enseña. Se da por descontado que un buen docente
debe estar al día en su materia. No se puede enseñar
lo que no se sabe. Debe reconocerse que hay un compromiso ético
implícito en este punto. Por ello, el alumno debe recibir
el conocimiento actualizado.
Por otra
parte, el arquetipo del profesor debe contar con las capacidades
necesarias para transmitir su saber y, en especial, para entusiasmar
al estudiante. No se trata sólo de informar, de transferir
datos y argumentos. El verdadero maestro contagia interés
por su campo, invita a la exploración adicional, abre
caminos para el desarrollo integral de su discípulo,
convoca con la palabra y el ejemplo a la superación constante.
Una más
de esas condiciones se refiere al currículum no explícito.
El maestro no es sólo un catedrático y todavía
menos un instructor. El auténtico mentor es un guía,
un consejero, un modelo a imitar. Es el transmisor de experiencias
y el escultor de valores en el educando. Es un difusor de la
sabiduría, un enlace entre el pasado y el porvenir, un
modelador de la conciencia.
La Universidad
Nacional está orgullosa de su pasado y segura de su actualidad,
pero sobre todo está confiada en su porvenir. ¿Cómo
se explican nuestra certidumbre y altivez? Por una trayectoria
forjada por maestros destacados; por un presente lleno de docentes
de altos vuelos; por un futuro promisorio en razón de
que nuestros profesores forman incansablemente, y día
a día, a quienes han de tomar el compromiso en poco tiempo.
Se explica, simplemente, porque tenemos una planta académica
destacada que cumple con creces el perfil referido.
En cada
distinción a la Universidad de la nación, se encuentra
el trabajo de nuestros maestros; el de ellos, el de sus profesores
y el de quienes a estos formaron. En cada reconocimiento de
la sociedad a la institución, está la huella de
nuestros maestros. En la esperanza de los alumnos de la UNAM,
está la certidumbre que proyectan sus profesores.
Como rector
de esta maravillosa Universidad, quiero felicitar a todos nuestros
maestros. Deseo reconocer la dignidad de esa venerable profesión
del magisterio y agradecer la incansable labor de todos ustedes
en la tarea, así como reiterar que en la grandeza de
la UNAM está la síntesis de su esfuerzo. ¡Gracias
y felicidades a todas y todos!
"Por mi raza hablará el espíritu"
-o0o-
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