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MENSAJES

PALABRAS DEL RECTOR DE LA UNAM, JOSÉ NARRO ROBLES,
EN LA INAUGURACIÓN DEL MUSEO DE LAS CONSTITUCIONES



Centro Histórico de la Ciudad de México
Agosto 10 de 2011




Muy buenos días tengan todas y todos ustedes, muy apreciados integrantes de la mesa que preside esta ceremonia con la cual se inaugura este Museo de las Constituciones. Para la Universidad Nacional Autónoma de México es un verdadero honor que esté el señor presidente de la Suprema Corte de Justicia; el señor presidente del Senado de nuestro país; el señor jefe de Gobierno de nuestra ciudad; un prominente jurista y universitario extraordinario, ex rector y presidente de un instituto iberoamericano muy importante; el señor presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y que dos estupendos universitarios y colaboradores de este proyecto, como el abogado General y el doctor Gamas Torruco, estén encabezando esta ceremonia inaugural.

Muchas gracias, de verdad, por la presencia de todos ustedes, que vale mucho, que significa mucho, que representa lo que nosotros queremos transmitir: la capacidad de una institución como la Universidad para poder conversar, efectivamente, articular y contribuir con el desarrollo del país, gracias por su presencia.

Por si no se había notado, se trata de un presídium de lujo, sin duda, pero de caballeros, y como decidí la perspectiva de género desde la primera fila, y desde otra, permítanme decir que están aquí con nosotros damas extraordinarias, mexicanas ejemplares, a quienes quiero mencionar por lo que representan, por lo que han hecho, por lo que ellas son.

La presidenta de nuestro Patronato, Norma Samaniego, quien nos hace el favor de acompañarnos, muchas gracias Norma. La actual coordinadora jurídica del gobierno de la ciudad, Leticia Bonifaz, qué bueno que está aquí con nosotros; la Autoridad del Centro Histórico de la Ciudad de México, que nos ha dado un gran apoyo en todo momento, en ésta y otras iniciativas, muchísimas gracias a mi amiga Alejandra Moreno Toscano.
Patricia Galeana, una mujer, una universitaria extraordinaria, quien hace algunos meses encabezó y sigue encabezando un proyecto, también cerca de este sitio, para recordarnos la causa de la mujer, ella al frente del Museo de la Mujer, muchas gracias Patricia, y Beatriz Bernal, quien ha tenido una muy destacada participación en la elaboración de muchos de los materiales que se encuentran aquí.

Sirva esta mención para decir que la causa de género está presente en la Universidad, que nos preocupa y que nos interesa. Muchas gracias a senadores de la República, a ministros e integrantes del Poder Judicial de la Federación, muchas gracias a funcionarios de instituciones federales. Está aquí el licenciado Antonio Ávila, quien ha tenido, a lo largo de las semanas y meses que duró la concepción y la concreción de este proyecto, una participación muy importante.

Muchas gracias a mis colegas universitarios, a la coordinadora de Humanidades, a directoras y directores de entidades académicas, a profesores y profesores eméritos que están aquí. Muchas, muchas gracias a todos ustedes por su presencia.

La prudencia aconsejaría que después de haber escuchado cuatro espléndidas intervenciones me concretara a hacer esta presentación que he hecho de quienes están aquí, a decir que estamos inaugurando este museo, a comunicarles que quedará abierto para las visitas al público a partir del lunes de la próxima semana, y a dar por concluida esta ceremonia.

No voy a pecar de prudente, al contrario, voy a cometer la tendencia de atreverme a señalar algunas cosas. Hoy no voy a pedir presupuesto, hoy voy a explicar por qué lo que nos han dado ha sido bien invertido.

No voy a pedirles, porque en todo caso, ya lo he hecho ante las instancias federales. No están aquí los señores diputados que podrían ser los que, en última instancia, pero de cualquier forma, cualquier ayuda, cualquier apoyo que se pueda dar será sincero, bienvenido. Pero ese presupuesto que la nación le dedica a la universidad pública de México, a las instituciones públicas de educación superior del país, a la Universidad Nacional Autónoma de México, en particular, es lo que nos permite hacer tareas como la que hoy estamos dando a conocer, concluyendo en la etapa de planeación, desarrollo, instrumentación, organización, la que nos permitió hace dos días hacer la presentación de una gran propuesta para mejorar los niveles de seguridad, de justicia, dentro del marco democrático que requiere nuestro país.

Es el presupuesto lo que nos permite, por ejemplo, haber arrancado hace un par de días un ciclo escolar nuevo, que da cabida a más de 85 mil jóvenes de nuevo ingreso, en el bachillerato, en la licenciatura y en el posgrado.

Pero decía, no venimos a hablar de presupuesto, sí de este museo; quiero decirlo una vez más, primero porque así es, se trata de una obra muy importante que tiene orígenes en varios abogados sobresalientes, internacionalistas, constitucionalistas, y aquí han estado dos, y los voy a reiterar: Emilio O. Rabasa, está aquí su hijo, a quien tenemos que decirle gracias por esta invitación.

Diego Valadés, que tomó en otra etapa el proyecto, y el tercero, Jorge Carpizo. Lo voy a mencionar, a él no le gusta y a mí me encanta fastidiar. No le gusta, pero es verdad, acogió la invitación que le formulé para que articulara a un grupo, y como las cosas que hace el doctor Carpizo, y quienes lo conocemos nos consta, lo hizo extraordinariamente bien, tan bien que estamos llegando en tiempo y forma para entregarle a la sociedad mexicana este museo.

Al doctor Carpizo, a quienes antes contribuyeron para que esta idea fuese realidad, a quienes configuraron el grupo de trabajo, este consejo consultivo, a quienes desde muchas áreas que fueron referidas hicieron posible esto, la gratitud del rector, el reconocimiento de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Hace poco más de 100 años, Justo Sierra, en el discurso fundacional de nuestra universidad, en una pieza extraordinaria se refería a lo que entendía debía ser la Universidad Nacional de México, y nos decía, refiriéndose a la universidad y a sus escuelas, y cito textualmente:

"No quisiéramos ver nunca en ella torres de marfil, ni vida contemplativa, ni arrobamientos en busca del mediador plástico. Eso puede existir y quizás es bueno que exista en otra parte, no allí, allí no".

Más adelante decía:

"No, no será la universidad una persona destinada a no separar los ojos del telescopio o del microscopio, aunque en torno de ella una nación se desorganice, no la sorprenderá la toma de Constantinopla discutiendo sobre la naturaleza de la luz del Tabor".

Esas palabras, esas frases, que las hemos dicho muchas veces, hoy vuelven a ser de enorme utilidad, y hoy son una muestra de que nuestra casa, nuestra comunidad, los universitarios entendemos la lección.

Nuestro compromiso no está en encerrarnos, en buscarnos, vernos y congraciarnos con nuestro ombligo, no; tenemos que salir, tenemos que ver hacia fuera, tenemos que entender lo que está pasando en nuestro México, lo que está pasando en el mundo.

Porque algo no anda bien en el mundo, no puede andar bien cuando lo mismo en Londres, en Atenas, en Madrid, en Barcelona, en Roma, en El Cairo, en Damasco, en Santiago, hay expresiones de inconformidad. No, no puede estar bien.

Nosotros, desde nuestra muy modesta trinchera, tenemos que seguir insistiendo en que, como algo anda mal, mucho tiene que cambiar.

Quiero hacer referencia a esto que se señalaba porque puede ser la economía, puede ser la política, pero también son los valores, y digo porque aquí lo que queremos es impulsar valores, porque lo que aquí está, en este sitio republicano, profundamente republicano, es la representación de los valores que ha tenido la nación mexicana, desde el momento en el que se planteó la independencia, desde la Constitución de Apatzingán, hasta la primera que se suscribió, ya como un país independiente, la de 1824, firmada aquí.

Precisamente en este sitio que hemos rescatado para la historia, para la memoria, pero sobre todo para la formación de niños y jóvenes mexicanos de hoy, pensando en el futuro y pensando en cómo transmitirles a ellos valores, en cómo luchar frente a muchos de los males que hay y que tienen paternidad y maternidad porque, al final, la impunidad es la paternidad de muchos de los problemas que tenemos, y la corrupción, la abuela de esos problemas.

Ahí empiezan, en la desigualdad, en la pobreza, en la falta de educación; muchos de los problemas empiezan cuando a los jóvenes les pedimos que piensen como posibilidad, y no porque sea indigno, sino porque no es justo, en el ambulantaje o en un simple oficio.

No, de verdad, lo digo con profunda convicción, habemos muchos que pensamos que el destino de nuestra juventud es otro, que está en la educación, que está en el estudio, que está en la cultura, que está en el deporte, y que está en la recreación que está, honradamente, en lo que quienes estamos aquí tuvimos cuando éramos jóvenes, porque nosotros lo tuvimos, porque este país lo ha tenido en muchos momentos.

Quiero decir y terminar de esta forma: para la Universidad es motivo de una enorme satisfacción tener la confianza de las instituciones de México, de los poderes públicos aquí representados por ustedes. Gracias por la confianza, no vamos a fallar, los universitarios estamos comprometidos con una sola causa, la de México, la de los mexicanos, la del futuro de nuestros jóvenes y de nuestro país.

Este museo quiere consagrarse precisamente a esa causa, la de los valores más importantes que ha tenido en su historia México, nuestro querido México.

Muchas gracias.




"Por mi raza hablará el espíritu"

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